Así, pues, la instrucción debe ser universal, es decir, extenderse a todos los ciudadanos. Debe repartirse con toda la igualdad que permitan los límites necesarios de los gastos, la distribución de los hombres en el territorio y el tiempo más o menos largo que los niños puedan consagrarle. Debe en sus diversos grados, abrazar el sistema entero de los conocimientos humanos y asegurar en los hombres en todas las edades de su vida, la facultad de conservar sus conocimientos o de adquirir otros nuevos.
Informe Condorcet, 1792